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viernes, 9 de enero de 2015

Sergio del Molino. Entrevista.

Hoy os traigo a un gran escritor, Sergio del Molino.






Biografía:


Sergio del Molino es un escritor y periodista español, conocido fundamentalmente por la novela La hora violeta, donde narra la enfermedad y muerte de su hijo Pablo. La obra obtuvo el Premio "El Ojo Crítico" 2013 de Narrativa de RNE y el XXXV Premio Tigre Juan, de 2013, ex aequo con la obra de Marta Sanz, Daniela Astor y la caja negra.
En mayo de 2013, la revista El Cultural seleccionó a Sergio del Molino como uno de los doce novelistas españoles menores de cuarenta años con más perspectivas, según una lista elaborada por veinticinco críticos y escritores.
En 2009 debutó con el volumen de relatos breves Malas influencias, y ese mismo año publicó el ensayo Soldados en el jardín de la paz, una investigación en clave de reportaje periodístico sobre la colonia alemana instalada en Zaragoza, ciudad en la que reside.
En 2011 apareció El restaurante favorito de Nina Hagen, una antología de crónicas y piezas periodísticas en clave personal.
La publicación, en 2012, de su primera novela, No habrá más enemigo, supuso un primer salto cualitativo en su carrera literaria. Bien recibida por la crítica, la obra fue uno de los diez títulos más recomendados por los libreros españoles de CEGAL en el mes de mayo de 2012.
Como periodista, fue reportero del diario Heraldo de Aragón y actualmente colabora como columnista en ese y en otros medios escritos, así como de radio y televisión. 



Novelas publicadas:



Malas influencias (Tropo Editores, 2009)
Soldados en el jardín de la paz (Prames, 2009)
El restaurante favorito de Nina Hagen (Anorak Ediciones, 2011)
No habrá más enemigo (Tropo Editores, 2012)
La hora violeta (Mondadori, 2013)
Lo que a nadie le importa (Random House, 2014)



Entrevista:

LoidaCriadoMore: Muchas gracias por acceder a ser entrevistado Sergio. ¡Muchas gracias!

Sergio del Molino: Gracias a ti por interesarte por mí.


LoidaCriadoMore: Ya sabemos “Lo que a nadie le importa” pero, ¿qué no le importa a Sergio del Molino?

SDM: Muchas cosas: no me importa el fútbol ni ningún deporte, no me importan los memoriales de agravios de las pequeños partidos neocaciquiles, no me importa la gente aficionada a ofenderse por cualquier comentario, no me importan las declaraciones de los ministros, no me importa la gente que se da mucha importancia, no me importan quienes carecen de sentido del humor y, en general, no me importan los que tienen mucha afición a juzgar a los demás al primer vistazo. Tampoco me importan ni la tele, que no veo, ni los moralistas que acusan a quienes ven la tele de embrutecerse con ella.


               
LoidaCriadoMore: Dices que el presente de indicativo es el tiempo de lo que a nadie le importa. ¿Qué tiene el pretérito perfecto simple que tanto nos engancha?

SDM: No es que nos enganche, es que es el tiempo natural de la narración. Toda narración que se conciba en otro tiempo verbal suena a artificio, hacen falta mucha técnica e imaginación para que un relato en presente suene natural y fluido. Por eso hago un juego en el que digo que hay vidas que parecen ya vividas en pretérito perfecto simple porque parecen hechas para alguna forma de posteridad, con su crónica ya hecha, mientras que la mayoría de las personas vivimos en un presente de indicativo antihistórico y antinarrativo que nos hace efímeros.


LoidaCriadoMore:  A ratos, la novela huele a crónica periodística, cuando te fijas en el pasado de tu abuelo y vas recorriendo en cierta manera sus pasos en la Guerra Civil. También hay algo de retrato costumbrista de la época pasada. ¿Qué ha hecho el periodismo para ayudarte en esta aventura literaria?

SDM: No creo que haya costumbrismo en la novela. Me gustaría hacer una precisión porque en España tenemos un grave problema de percepción que quizá tiene que ver con algunos complejos atávicos. Como mi novela tiene ambientaciones de posguerra en barrios pobres de Madrid, ciertos lectores piensan en costumbrismo. No se les ocurriría pensar en eso si la ambientación fuera en Nueva York o en París. Entonces, usarían otra etiqueta, pero cualquier evocación de época de Madrid es necesariamente costumbrista, sin que se justifique el uso de esa etiqueta. La recreación que yo hago en la novela es anticostumbrista, subjetiva y basada en asociaciones libres entre pasado y presente. Es un Madrid fantástico construido a partir de una experiencia lisérgica. Nada menos costumbrista que eso, no encaja ni por asomo en los estándares del retrato de costumbres. Me sorprende mucho que el paisaje de una ciudad y una época ofusque tanto a algunos lectores que lleguen a ver rasgos de un estereotipo arcaico donde en absoluto los hay. Sobre todo, porque el término “costumbrista” suele usarse de forma denigrante.
Por lo demás, yo uso la crónica con libertad, como uso otros recursos narrativos y otros propios del ensayo y de la poesía. Soy periodista y he tenido una formación como cronista sin duda decisiva en la creación de mi estilo, no lo niego, pero no creo que sea el rasgo determinante, sino uno más de los recursos que empleo para componer una narración híbrida que se aproveche de todas las tradiciones y técnicas narrativas, porque creo en el carácter proteico de la novela y defiendo una forma de novelar libre de convenciones canónicas. También le debo mucho al diarismo y al monólogo interior.


LoidaCriadoMore: Has vuelto a la autoficción como en tu anterior novela y eres un nieto que rompe el silencio de un abuelo. ¿Hay algo de deuda o es más bien un cierto reproche?

SDM: Ni deuda ni reproche. Hay un interés narrativo, una necesidad íntima y difícil de teorizar de explicar quién soy y de dónde vengo. Digo que es difícil de teorizar, y por eso hago literatura con ella, porque la literatura empieza ahí donde fracasa la argumentación lógica. La narración se desliza por aquellos lugares que nos cuesta verbalizar o hacer comprender a los demás. Esta novela, quizá como toda mi literatura, la que he escrito y la que escribiré, es un intento (fracasado de antemano, y consciente de su fracaso, pues no se puede hacer literatura con otra actitud) de comprenderme.  Todo el libro gira en torno a una idea imprecisa pero muy fuerte y poética: el lar. Pienso en las figuritas que los romanos guardaban para deificar a sus antepasados. Me apetecía explorar esa idea de linaje, ir más allá de mi propio nacimiento, descubrir qué hay de mi identidad en las identidades de los que vinieron antes que yo.


LoidaCriadoMore: Dices que te resulta natural escribir y lo natural es escribir sobre lo que uno vive. ¿Te resulta fácil hablar sobre ti mismo?

SDM: Me ha costado mucho. Ha sido parte de la búsqueda de una voz literaria, un proceso que empezó desde que tuve conciencia de que quería dedicarme a escribir. No es necesariamente natural escribir sobre lo que se vive. En mi caso, he tenido que sufrir un doloroso proceso de conceptualización para desprenderme de la ficción. Esto es el fruto de muchos ensayos, muchos errores y muchas lecturas y pensamientos. Pero, en el  instante en que me convencí de que el pudor era mi enemigo, me sentí libre y, en cierto sentido, cómodo. Empecé a entender el gozo de escribir.


LoidaCriadoMore: ¿Qué repercusiones tiene el escribir una especie de autobiografía cuando el  libro ya ha sido publicado?

SDM:  Ninguna. En general, me he sentido más o menos comprendido. La verdad es que me preocupan poco las repercusiones directas del contenido del libro, me interesa más establecer diálogos literarios con autores y libros afines. Y esos diálogos, por desgracia, se dan poco. Al menos, en España.


LoidaCriadoMore:  La novela gira en torno al silencio y tú lo elaboras hasta convertirlo en palabras a media voz, ¿qué es lo que más te ha costado escuchar?

SDM: Lo que no me han dicho y lo que no he querido escuchar. Hay un ejemplo de cada. En un momento de la novela, me pregunto si mi abuelo, como soldado de un ejército en campaña de conquista, se comportó como se comportan los soldados de esos ejércitos. Me pregunto si participó en los saqueos y en las violaciones tan propias de la guerra, si su supervivencia tuvo algo que ver con eso. Entre lo que no he querido escuchar: qué hacía mi bisabuelo falangista cuando iba de voluntario a una prisión política de mujeres en plena guerra civil. Pude averiguarlo, está documentado, sé en qué archivo están los documentos que me lo aclararían. Pero no he querido comprobarlo. No he querido enfrentarme a la prueba que me confirme algo atroz que me resulta muy difícil de soportar. La mera sospecha es suficiente. Es la ventaja de escribir literatura: la sospecha basta, no necesito enfrentarme a la verdad en forma documental.


LoidaCriadoMore: En tu blog, dentro del diario de promoción que redactas, haces referencia a una pregunta que te hizo Alberto Olmos en una presentación a la que respondes que, si pensaras, no escribirías.

SDM: Eso tiene que ver con mi condición de escritor intuitivo. Yo valoro mucho la intuición como herramienta creativa. No soy un escritor técnico ni pendiente del artificio. Me gusta confiar en mi instinto, dejar volar la prosa, que el libro vuele sin tu ayuda en algún momento. Por eso soy grafómano, mi poética se construye sobre la obra ya escrita, nunca al revés. Primero escribo y luego pienso sobre lo que he escrito.


LoidaCriadoMore: Escribes en la novela que eres un escritor dominado por los libros. ¿Se pierden siempre las batallas contra la literatura?

SDM: Inevitablemente. Se escribe dentro de la tradición pero también en su contra. Se escribe contra el cliché pero con el riesgo de crear nuevos. Me gusta entender lo que hago dentro de algo vivo y proteico, en continua duda y refutación. Detesto las cosas definitivas y terminadas, las cosmovisiones sin grietas y la gente que cree que la inmutabilidad es una virtud cuando es una propiedad de lo estúpido.


LoidaCriadoMore: ¿Qué ha hecho la literatura por Sergio del Molino? ¿Qué ha hecho Sergio del Molino por la literatura? ¿Qué autores duermen en tu mesilla de noche?

SDM: La literatura lo ha hecho todo por mí. Vivo inmerso en ella de una forma probablemente ingenua, anacrónica y pasionalmente ridícula. Yo sólo aspiro a ser un escritor lo bastante digno como para no dañarla. Me conformaría con poder seguir pariendo libros y celebrándolos y que me dejen formar parte de algo tan gozoso e importante (para mí). Mis lecturas son muy eclécticas. Soy un autodidacta desordenado, mi canon cambia mucho. Ahora mismo, sin embargo, estoy leyendo mucha historia. Me interesan mucho los historiadores ingleses. Ojalá hubiera algo así en español, esa mezcla de elegancia, rigor, audacia conceptual (esa valentía para enfrentarse a los relatos establecidos y romperlos) y capacidad comunicativa. Muchos españoles podríamos aprender de ellos. Y no me refiero sólo a los historiadores.


LoidaCriadoMore:  La hora violeta. Sumerges al lector en un mundo plagado de hospitales, pruebas y medicaciones que resulta realmente duro. Como dices en tu libro, una geografía hostil que sin embargo muestra la realidad más allá de los sentimientos.

SDM: Dices que sumerjo y no es del todo correcto. Es el lector quien decide sumergirse, yo no obligo a nadie a leer. La literatura, a diferencia de otras formas de comunicación, no es intrusiva, requiere una participación muy activa por parte del lector. Por eso, en las contadas veces en que me han reprochado la dureza, a menudo preguntándome retóricamente por qué cuento todo eso, yo devuelvo la pregunta al lector: tú sabrás por qué lo lees.


LoidaCriadoMore:  Con independencia del dolor que puede sentirse en las tristes circunstancias que se ven venir, la narración es bastante contenida, invitando al silencio y a la reflexión.

SDM: No podía ser de otra forma. Lo último que quería hacer era un melodrama. La única forma de honrar el dolor y transmitirlo con eficacia es la contención estilística. Si no conseguía contenerlo, los gritos resultantes hubieran devenido en caricaturas. El relato se hubiera convertido en algo arquetípico, inverosímil, y habría traicionado el dolor que quería honrar.


LoidaCriadoMore:  Padres dolidos, rabiosos y dolientes enfrentados a contingencias que superan a cualquiera. Puede que esa sea la razón del trazo frío que a veces se nota en tu libro.

SDM: No creo que “La hora violeta” sea un libro frío. Una cosa es la contención y otra muy distinta la frialdad. Creo que todas y cada una de sus páginas están saturadas de amor. De hecho, la contención es una muestra de delicadeza. El estilo, dijo Pérez Andújar, es una postura moral. Creo sinceramente, pero eso sería quizá muy largo de explicar, que detrás de lo cursi se esconde una amoralidad y una falta absoluta de empatía y sentimientos. Creo también que nos han engañado demasiadas veces, que hay demasiados plañideros que impostan sentimientos. No percibo ninguna calidez en el desborde emocional, sólo tópico y mentira.


LoidaCriadoMore: Realista, narrada en primera persona, los sentimientos del padre y del enfermo se hacen plausibles. ¿Es el estilo más adecuado para empatizar con el lector?

SDM: Es el único que yo podía aceptar. Cualquier otra elección habría sido una impostura, artificio, algo propio de trileros y embaucadores. No era una cuestión de eficacia narrativa, sino una elección moral: mostrarme yo mismo, con mi voz y mi carne, no delegar en terceras personas ni utilizar máscaras o trucos de ventrílocuo.


LoidaCriadoMore:¿Cómo se trabaja con un protagonista, un niño, ajeno por naturaleza a los matices, que gana el amor del lector con su sola existencia, sin necesidad de una construcción previa?

SDM: No trabajé nada, lo escribí en trance, dolorido, aullando, llorando después de cada sesión de escritura. No tengo ni la más remota idea de cómo lo hice.


LoidaCriadoMore: Siguiendo la línea del título, ¿todo el mundo pasa en algún momento por esa hora violeta en la que todo parece estar detenido?

SDM: No lo creo. Hace falta estar muy jodido para eso. La vida se te tiene que romper por mil partes para entender y descubrir esa hora violeta. Es una consecuencia del sufrimiento intenso, y no todo el mundo sufre así. No todo el mundo pasa por experiencias como la mía. De hecho, es relativamente raro en el mundo actual. Y aún te diré más: creo que la autoayuda, la psicología barata y cierta tendencia paternalista por parte del poder y sus instituciones han banalizado el sufrimiento. No desdeño el componente subjetivo del sufrimiento, pero hay gente que cree que sufre mucho y, en realidad, no le ha pasado nunca nada que justifique ese sufrimiento, pero imagino que sufrir tiene cierto prestigio, que hay gente que ansía presentarse a los demás como sufrientes. Creo que esa actitud banaliza el dolor de quienes de verdad lo pasan mal. Me he encontrado cosas que desbordan el insulto. Me han dicho cosas a las que no he podido responder porque sólo podía hacerlo siendo grosero. Por ejemplo, alguien me dijo una vez que él, como yo, había tenido una pérdida y había sufrido un duelo. Cuando le pregunté qué era, me contó que había discutido con su amigo de toda la vida y lo había perdido y le echaba mucho de menos, y que entendía lo que yo contaba en “La hora violeta” porque él también sufría un duelo. No dudo de que añorase a su amigo, yo también he perdido amigos por discusiones, como todo el mundo, pero que me contara aquello me parecía insultante. No respondí nada, porque lo único sensato era mandarle a la mierda. Historias como esa me han sucedido varias veces con algunos lectores, lo que me lleva a concluir que existe una percepción muy distorsionada de lo que significa sufrir.


LoidaCriadoMore: Muchas gracias por concerme esta entrevista por milésima vez. Besos y hasta la próxima!

SDM: A ti de nuevo por interesarte por mi. Muchos besos.



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¡Espero que os haya gustado! Una gran entrevista con una gran persona. ¡Hasta el Miercoles!

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