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martes, 21 de abril de 2015

Nadin Velazquez. Entrevista.

Hoy os traigo la entrevista de esta escritora, es una entrevista intensa y llena de contenido de la escritora de Wattpad Iniss226. ¡Espero que os guste!






Biografía:



Nadin Velazquez, tiene 21 años, es de una ciudad pequeña y turistica del interior de Córdoba, Argentina. Lleva más tiempo saltando entre carreras que en alguna fija, así que lo más estable que puede decir con respecto a sus estudios es que siempre me le va a encontrar en algo relacionado con la ciencia. 
Le fascinan los animales y siempre les presta muchísima atención. Tiene una gran debilidad por la música, al punto que no puede escribir si no está escuchando algo que le inspire. Tiene una guitarra que quedó algo abandonada por exigencias universitarias y por una tendinitis que le hizo perder el hábito, pero cada tanto le saca el polvo. 



Libros publicados en Wattpad:



- Lívida compañía
- La aventurera de los mil mundos
- Cargas y potenciales
- Querido lector, ¿qué espero de vos?
- Querido escritor, ¿tomamos un café?
- El refulgir de los diamantes 
- Memorias liberadas en una noche de lluvia
- Desafío literario: "Usurpadores de mundos"
- Partituras desgastadas por un secreto compartido
- El ultrasonido de Aitana (De coleccionistas y colecciones #1)
- Guardiana del Fuego y de las Sombras (Profecías de Alkaham #1)
- Guardián de las Llamas y la Oscuridad (Profecías de Alkaham #2)
- Guardiana de la Luz y la Energía (Profecías de Alkaham #3) [2015/6]



Entrevista:



LoidaCriadoMore: Gracias por darme el placer de entrevistarte. ¿De dónde viene tu pasión por leer? ¿Algún pasatiempo que quieras compartir?

Nadín Velázquez: Gracias a vos por este ofrecimiento que me tomó por sorpresa. Es un gusto ser parte de tu proyecto personal de difusión.
La historia de mi interés por la lectura es un tanto particular. Cuando tenía entre cuatro y cinco años, encontré en casa un libro de no sé qué religión. No era de nadie, estaba tirado en una caja y yo era más curiosa de lo que soy ahora. Nunca me habían llamado la atención las letras, en especial porque nunca me había encontrado con ellas a solas, pero ese momento fue muy especial. Quise leer, pero no podía. No sabía cómo. En lugar de pedir ayuda, como muchos podrían haber hecho, me frustré y empecé a rayar el libro y a pegarle imágenes, recortes de revistas y hasta papeles de colores brillantes. No podía leerlo, así que me contenté con decir que estaba mal escrito y que yo lo tenía que corregir, que así se entendía mejor. Era un desastre de pegamento, rayas, dibujos de flores y papeles cortados a mano, pero yo sentía que lo entendía. Y una parte de mí sintió que eso era frustración de la más pura.
Apenas empecé el colegio, me obligué a aprender a leer rápido y a practicar mucho, y llegué a ser la que más fluido leía en la clase. Lo intenté con tanto esfuerzo que me gustó y no podía dejar de tratar de leer cada vez más rápido y mejor. Vivía pidiendo libros y mi abuelo conseguía que leyera enciclopedias que le prestaban sobre leyendas nacionales. Cuando empecé el secundario, encontré una colección de novelas escondida en un estante muy alto de la biblioteca de casa. Resultaron ser de alguien que nunca las buscó y llevaban tantos años ahí que hasta hongos tenían algunas. Le pedí permiso a mi abuelo para leerlas y me dijo que me las quedara, que a nadie le interesaban. Algunas páginas están arruinadas, pero todavía tengo tomos pendientes de esa colección y es mi preferida por encima de todo. Creo que haber leído a Umberto Eco y a Milan Kundera a los once años me hizo ver que había cosas fantásticas que iban más allá de cuentos y textos de enciclopedia. Y ahí es donde considero que de verdad empecé a leer.
La lectura es un gran pasatiempo y eso queda fuera de discusión. También disfruto muchísimo de la música y de todo lo nuevo que puedo encontrar. Tiendo a relacionar mucho lo escrito con lo auditivo y he llegado a no poder escribir si no tengo la música adecuada. Cada tanto intento sacarle la tierra a mi guitarra. Otras veces finjo que sé cantar. En ocasiones recuerdo mis años de danza árabe. Son muchas las cosas que me despejan y puedo considerar un pasatiempo. Aunque creo haber llegado al punto en el que escribir es un poco más que eso.



LCM: ¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron cuando empezaste a escribir?

NV: Que siguiera. Es lo que siempre dicen, que avances. Mi primera crítica (u opinión, en un sentido más estricto) fue hecha por amigas, y más tarde llegó una profesora a quien le tengo muchísimo cariño, y siempre me dijeron que siguiera. Es un poco difícil aconsejar a alguien si no se está dentro del campo, y más todavía en algo tan personal como es un proceso creativo. Y en un momento en el que la imaginación fluye de manera incontenible, lo mejor que se puede hacer es dejarla hacer su camino. A eso se refiere el “seguir”. Significa más de lo que parece porque no se limita a expresar un “escribís bien” o “tenés futuro en esto”. Te obliga a no contenerte. Yo solía limitarme mucho en otras épocas. Si algo no me gustaba, lo dejaba de hacer. Si algo no me salía en el primer intento, no me sentía capaz de aprenderlo. Podés imaginar la cantidad de escritos que perdí siguiendo ese criterio. Pero no me paré a lamentarlos, sino que seguí. Y hago mi mejor esfuerzo por no estancarme.



LCM: ¿Qué sentimientos o qué pensaste cuando escribiste la palabra Fin? ¿Que sientes cuando ves a alguna persona leyendo uno de tus libros?

NV: Lo primero que sentí fue que no era un verdadero final, ya que era el primer libro de una trilogía y todavía me queda mucho por explorar del mundo de Alkaham, pero algo se acomodó. No diría que se cerró, porque ahora estoy editando ese libro (y modificándolo de tal forma que no sé si le hago un bien, pero supongo que eso es lo que siempre pensamos cuando nos sentamos a corregir algo propio) y sé que nada terminó en realidad, que es un borrador de algo que todavía necesita crecer. Apenas puse el punto final del epílogo de Guardiana del fuego y de las sombras, corrí a escribir el primer capítulo de Guardián de las llamas y la oscuridad, su secuela. Y seguiría escribiendo si no hubiera surgido la necesidad de incluir un tercer libro que me obligó a planificar la historia completa desde cero (en lo que sigo trabajando).
Cuando sé que alguien me lee, siento que me está conociendo y que al mismo tiempo no va a saber quién soy. Dejo muchos aspectos sueltos de mí en mis historias (música, principalmente, y algunas actitudes que se filtran sin que yo quiera), pero al mismo tiempo están lejos de mostrarme tal cual. Cuando alguien lee uno de mis libros, siento que en algún momento se va a preguntar por la persona que está detrás de eso, porque es justamente lo que trato de evitar (soy la creadora, no la narradora o algún personaje, y no soy el texto, así como tampoco el texto me define a mí. Esa disociación es algo que intento trabajar de manera constante). Prefiero limitarme a cruzar los dedos y esperar que lo que sea que esté leyendo pueda quedársele grabado de alguna manera, asociado a una experiencia agradable. Nada me gusta más que recibir mensajes diciendo lo que significó determinada historia para un lector. Algunos no se animan a mostrarse demasiado, pero se sienten en deuda y me escriben por privado. Esas acciones movilizan la semana completa para mí. ¡Y las hipótesis! Siempre dejo algo para descubrir en lo que escribo, y ver a mis lectores tratando de desenredar todo para adivinarlo antes de que yo lo suelte es fantástico. No solo me muestran que la historia les gustó, sino que no es un simple entretenimiento que los deja indiferentes: los obliga a comprometerse en cierto punto y yo termino sorprendiéndome de contar con el apoyo de seguidores tan espectaculares.



LCM: ¿Cual  crees tú que ha sido el reto más grande con el cual te has enfrentado a la hora de escribir?

NV: Los finales son un gran reto para mí. Los tengo en mente desde que la historia empieza, pero cuando llegan, necesito terminarlos. Me da ansiedad por llegar al punto final y soltar en un solo momento todo lo que tenía pensado provocar con ese último capítulo o epílogo (o ambos). Es como si estuviera conteniendo el aire y no pudiera soltarlo hasta llegar al último párrafo, como si todo tuviera que ser parte de una misma exhalación. Y después de eso tengo que dejar reposar el escrito un par de días y desacelerarlo un poco, darle el ritmo que de verdad tendría que tener, el que imaginé en un principio y que acompaña al resto de la historia. A veces cuesta y me siento mal por tener que desarmar eso que salió de manera casi instintiva, pero es lo mejor.



LCM: ¿Estás satisfecha con los libros que has escrito o cambiarías algo? ¿Quién o qué fue tu inspiración mientras escribías los personajes de tus libros?

NV: Estoy satisfecha con mis mundos (me gusta llamar así a cada universo específico que se crea con cada historia) y con mis ideas, si a eso vamos. Cada proyecto que cruzó mi mente (ya sea que esté en borrador, terminado o sea solo una línea vagando por ahí) tiene algo que lo hace parte de mi selección especial. Mi primera regla para empezar a escribir fue hacer algo que me gustara a mí. Soy algo exigente como lectora, así que busco conformarme a mí en primer lugar. Y funciona. A veces me termino sorprendiendo cuando varios hilos sueltos de una misma historia se atan y forman algo mayor que siempre estuvo ahí, pero que no supe verlo. Eso me pasa mucho en Alkaham.
Para explicarme un poco mejor, Alkaham es el nombre de una colección que está formada por tres partes: Profecías de Alkaham, una trilogía que se ubica en el presente (nunca mejor dicho, porque transcurre en el año 2015); Crónicas de Alkaham, una saga de seis libros que se centran en protagonistas que son adultos en la trilogía y responden todas las preguntas que parecen haber sido olvidadas, y Memorias de Alkaham, que es un libro autoconclusivo conformado por relatos individuales de los personajes más importantes de la historia, quienes narran hechos que complementan y rellenan los pequeños espacios vacíos, pero que no se ubican en ninguno de los momentos históricos que abarcan las otras dos partes. Se podría llegar a pensar este último libro como una antología.
Lo que me hace sentir orgullosa de este mundo es que todo se relaciona con todo, todo tiene una razón de estar donde está y de ser como es, y cada vez que agrego un detalle nuevo o especifico algo más, encuentro que ese agregado era en realidad una pieza que encajaba desde el principio en la historia, como si yo lo hubiera descubierto y no creado. Esas cosas que parecen haber surgido del texto mismo (como si la historia se contara por sí misma y no me necesitara más que para pasarla al papel) hacen que me sienta feliz de poder armar algo así.
Soy la primera en aconsejar que no es bueno basar personajes en personas de la vida real, pero también soy la primera en no cumplirlo. Alkaham surgió como un regalo para dos amigas muy especiales e iba a ser un cuento que iba a darles cuando termináramos la escuela. La idea principal era hacer algo de fantasía con tres protagonistas. Como no quise que fueran el calco retrato de nosotras, tomé lo que a cada una nos hace diferente de las otras y lo exageré y moldeé hasta crear a SennaTessa y Ámber. Esos tres personajes son mi excepción a la regla y tienen su razón de haber nacido de personas reales. Fuera de ellas, se puede decir que mi inspiración es la realidad misma y algo de música. Lo primero que defino de un personaje no es su físico (a veces es lo último), sino su carácter. Imagino cómo habla, qué palabras acentúa más, cómo mira, cómo se comportaría en determinadas situaciones, y trato de definirlo teniendo en cuenta todas esas nociones. Mi objetivo es que puedan parecer reales, ni importa si se trata de una historia de fantasía que es imposible de concebir en un plano no ficticio. Para ciertos personajes (los que más necesito tener presentes) hago listas de reproducciones. Más de una vez terminé escuchando música que no es mi estilo y que no elegiría por gusto propio en ningún momento, pero que me hicieron conectar con determinado personaje en un instante dado, y puedo asegurar que es una ayuda bastante grande. Al menos para quienes compran todo por el oído, como yo.



LCM: ¿Haces algún tipo de investigación al prepar la historia?

NV: Siempre. Algo que siempre me gusta contar es que vengo saltando entre carreras científicas y que no puedo no saber de qué hablo, por lo que agradezco tener la necesidad de investigar sobre lo que necesito. La historia que menos conflictos me plantea en ese aspecto es Alkaham, porque el mundo es de mi invención y los pocos conceptos que necesité, ya los había estudiado cuando empecé a escribir el primer borrador. Pero siempre digo que esta historia es un caso especial.
Yendo a un plano más realista y menos fantasioso, tengo planeada una biología llamada Sobres vírgenes, en la que se tratan temas bastante delicados (problemas alimenticios, trastornos psicológicos, homosexualidad, violaciones, adicciones…). Es evidente que hay mucho por investigar. No se puede hablar de una situación como las que mencioné sin pensar en el impacto que puede tener en la persona y en su entorno. Más que investigación de lo puramente médico o psicológico, hay también un fuerte factor social que no se puede olvidar y que no es menor. Los personajes no son de cartón, ellos tienen que sentir lo que les pasa. Y si bien podemos imaginar (los que no hemos pasado por ninguna de estas experiencias) que puede ser doloroso o desagradable, a mí no me alcanza para transmitírselo a un personaje y hacer que lo represente. Muchas personas se arrebatan a escribir algo así porque saben que puede impactar, pero sin tener en cuenta las consecuencias. No solo no sabemos a qué público estamos llegando en realidad, sino que tampoco podemos hablar con tanta liviandad del sector al que representamos con ese pobre personaje que no tiene la voluntad suficiente para mantenerse en rehabilitación.
Hay que recordar que los personajes tienen que poder ser reales (o ese es mi objetivo, al menos) y eso lleva a que el lector se identifique con más facilidad. No darle al personaje las herramientas necesarias para que desarrolle su conflicto es, en cierta forma, tomarlo a la ligera. Y yo sentiría que me estaría burlando de aquellos que no pueden salir de la anorexia, por ejemplo, si mencionara el tema solo para vender un drama que termina ridiculizando al personaje por no estar yo bien informada sobre lo que realmente es estar en esa situación.
Nosotros escribimos, sí, pero hay una persona al otro lado que lee y no sabemos de qué naturaleza son sus conflictos. No podemos faltarle el respeto ni siquiera por error.



LCM: ¿Por qué no escribes otro género? ¿Lo llevas en la sangre?

NV: Es una muy buena pregunta, porque no tengo idea. Creo que siempre imaginé demasiado. Cuando era chica, me compraban las muñecas que pedía, pero siempre terminaba jugando con papel. Me gustaba la realidad de lo que no era tan explícito, tan fácil de ver para otros. Me sentaba a ver manchas de humedad y jugar a ver algo diferente a lo que veía mi mamá, por ejemplo. Cuando volvía del colegio, caminaba por la pared de piedra que limita el Tajamar (un dique artificial de mi ciudad que fue creado en el virreinato) e inventaba una historia en la cual cada piedra que rompía el patrón tenía un rol específico. Y la contaba cada vez que pasaba por ahí.
Todo lo que creo en algún momento acepta la incorporación de un elemento fantástico, si no es que toda la trama parte de la fantasía desde el principio. A veces se descubre de a poco, a veces está presente al comenzar. La inclusión de algún elemento fantástico es algo muy personal y que he llegado a hacer de manera inconsciente en relatos breves, pero que nunca me disgusta. Es lo que más siento como mío, así que estoy cómoda ahí.
Sin embargo, a veces es bueno salir de la zona de confort y explorar límites. Mi primera incursión en la ficción general fue con Sobres vírgenes, que todavía está en pañales, aunque la idea lleva tiempo conmigo. Hace unos meses, dejé que saliera al exterior ese cariño que le tengo a lo epistolar y me propuse un desafío triple: una historia sin fantasía, que se centre en un romance y que no tenga narrador. Así nació Partituras desgastadas por un secreto compartido, y no puedo estar más feliz del resultado. No solo fue más aceptada de lo que esperaba, sino que encontré que mis lectores se identifican con los personajes porque los sienten como si fueran reales, y eso me da alguito de orgullo.
Un tercer proyecto sin elementos fantásticos ni sobrenaturales es una historia autoconclusiva de la cual no tengo el título definitivo (por más que intento, no me decido), pero sí el nombre del protagonista: Mayne Haner. Nació como un proyecto de dad-lit (o lad-lit, o dick-lit, como se prefiera), que equivale a la versión masculina del chick-lit, pero puede que se desvíe más a algo que quiero hacer desde hace años y no lo supe definir hasta que di con el personaje. Pero eso me lo reservo porque está más en pañales que Sobres vírgenes, y eso es mucho decir.
También tengo en mente meterme en el plano de la ciencia ficción con Asha-X, algo que también me atrae muchísimo por lo mucho que me gusta el ambiente científico. Lo único que me está frenando para empezar con este proyecto es la cantidad de conocimientos que necesito sobre algo en particular. Si todo sale como planeo, puede que a fines de este año esté dándole forma a este mundo.
También me acerqué a lo paranormal con Delirantes melodías (una colección de nouvelles de temática musical) y con la bilogía De coleccionistas y colecciones. Lo primero me da la posibilidad de acercarme a otros tipos de teorías y jugar con la música como factor capaz de provocar experiencias que no pueden ser explicadas por la razón. Con respecto a la bilogía, el primer libro, El ultrasonido de Aitana, fue otro de mis experimentos, esta vez para poder hacer capítulos cortos, más fáciles de leer en un espacio virtual.
En definitiva, planes para otros géneros tengo, un par solo como ideas, algunos ya empezados y otros por terminar, pero nunca voy a dejar de sentir que lo mío es la fantasía y que me es más fácil crear un mundo desde cero que inventarle un problema amoroso a un personaje cualquiera.



LCM: Por último, aunque no menos importante. ¿Algunas palabras para tus lectores?

NV: Creo que podría tener un “gracias” de proporciones astronómicas y me seguiría siendo poco. Soy muy agradecida, aunque nunca sé cómo demostrarlo y termino recurriendo a millones de emoticones mezclados para decir que… que no sé qué decir. Soy tan mala para expresarme que a veces no entiendo cómo es que terminé escribiendo.
Lo que sí puedo asegurar es que pasé por situaciones no tan agradables y sigo con algunas cuestiones que no me dan tranquilidad en este preciso momento, y son ellos los que me levantan todo el tiempo. Mis lectores son los mejores del mundo y no me voy a cansar de decirlo. En especial aquellos que se toman el trabajo de decirme qué les parece lo que hago y que tratan de resolver los misterios, de entender a los personajes, los que se identifican con algo y no tienen vergüenza de decirme “yo pasé por lo mismo que él, gracias por haber dicho exactamente lo que yo sentí”.
Si tengo que decirles algo, lo primero es agradecerles. Y eso ocupa un espacio bastante grande en esta parte. Lo segundo es un consejo, y siempre es el mismo: que sean curiosos. Todo nace del interés, de la investigación, de esa chispa que aparece cuando hay algo que no entendemos y que necesitamos definir. De ahí surgen las ideas y se descubren mundos.
Me gusta la gente curiosa. Es gente que nunca se queda quieta y siempre tiene un motivo para aprender algo nuevo.



LCM: Muchas gracias por todo.

NV: Mil gracias a vos por haberme hecho un lugarcito en tu rincón y por haber leído tremendas respuestas. Juro que intenté acotar, pero no hubo caso. Fue un gusto responder.



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